10/2/17




En esa época vos te levantabas tempranísimo y te metías en la ducha medio dormida para salir medio despierta, entonces yo abría un ojo para ver si podía mirarte desnuda y los dos si era que sí. Vivíamos en una casa chiquita y linda en la que entraba mucha luz por todas las ventanas (dos ventanas), y vos tan blanca buscabas por todas partes ingredientes para inventar una ensalada de desayuno, siempre para dos. Después hacíamos dibujitos de animales que nos salían horribles, pero con unas sonrisas grandes y bien pintadas de color rojo: hipopótamos y elefantes y conejos con las orejas larguísimas. Música también hacíamos mientras derretíamos azúcar de color azul en una olla, y rosa en otra. Vos cantabas lindo y yo tocaba un poco la guitarra. Y el amor. Mucho amor, hasta que llegaba la hora en que los niños salen de clases y había que subirse en la bicicleta para ir a vender algodón de azúcar en la plaza, frente a la escuela.


Foto: https://www.instagram.com/p/BB4PhGRIeGD/

26/5/16



La noche envuelve la belleza, la confunde, sirve la mesa de los placeres, pecados bañados de oscuridad, faros imposibles, estrellas lejanas. La noche se nos escapa de las manos, pero no como la arena, sino como la arena del mar oscuro, como el despertar en invierno de una siesta demasiado larga, como los párpados que cayendo invitan al placer... Dios líbrame de la oscuridad, llévame a la oscuridad. Pero entonces que hacer con todo lo demás que es no es belleza, que hacer con la luz del sol que derrite el rímel en las pestañas de la mujer equivocada. 


Foto: Lucien Clergue

27/2/16



Yo estuve ahí cuando todo se rompió. No tuve nada que ver. Claro que nadie me cree. Cuando de una u otra manera se participa de todo lo que pasa, es difícil explicar que, justamente cuando pasa lo peor, uno no tiene nada que ver. Pero estuve ahí, y algo debió significar mi presencia a esa hora en ese lugar. Quizás lo mismo que una mano que empuja la primera ficha de domino, de una hilera infinita, que terminan su recorrido en la llaga del costado de un hombre. Ahora todo esto va a dar para largo, lo sé. Como la noche. La inocente noche que precede al día.


Foto: Katarina Sokolova

25/2/16



Y no te olvides nunca
de que un espejo
devuelve lo que quiere
                                   donde el lunes 
es la tristeza matinal
de un niño en el colegio  
                                   y el martes
la espalda de la mujer
que no supimos amar.

Pero siempre

La sucesión de los días


Foto: Christophe Huet

1/2/16



Una noche dijiste
me quedo con vos/
Estrellita fugaz
lo iluminaste todo
/
y puertas que se abrían
con aroma a café 
y a chocolate


Después crecimos
y no bastaron las mariposas
ni de la panza ni de las cajas

                                              /hay quien dice
que fue como tenía que ser
abracadabra y primavera
el principio de otro viaje…


pero yo 
             yo digo otra cosa
otro amanecer

porque es mucho mejor
si te pienso feliz 
con un niño en los brazos 


quizás hayas vuelto
                               o mejor dicho
por fin te vi
porque nunca te fuiste


y siempre tenías las palabras/


Foto: Caras Ionut

5/11/15



nunca supe
si lloraste aquella tarde/
sentada en la arena
mirabas el cielo/
luego cerraste los ojos
entregada a la inmensidad:
todo se va desdibujando
y es la realidad
de trenes y horarios
de legalidades y prisas
lo que nos queda

pero también el viento
jugando al olvido en tu pelo

llovía sobre el mar
sobre tus párpados/
podría haber sido un final/
pero era solo agua dulce
cayendo sobre agua salada
mientras te mordías los labios
y faltaban colores/

quizás un refugio en la memoria

era tu obligación
eso pensabas
hacer mucha más poesía
y casi ninguna cuenta


Foto: Mona Kuhn

1/11/15




Abrirse el pecho. Arrancarse el corazón. Dejarlo sobre la mesa. Cerrar los ojos. Pensar en ella. Sentir... Aún duele? Entonces, es en el alma. 


Foto: Caras Ionut

28/10/15



Un refugio incierto… pero que haya tormenta… y ausencia…. todo lo que perdimos y la melancolía. 
El repentino olvido de las reglas y la posibilidad de que el mundo sea otra cosa. 
Un fantasma que nos ame sin pedir nada a cambio, ni siquiera el temor, o el reconocimiento. 
Y cerrar los ojos… quizás al abrirlos ya no exista nada, o quizás, con algo más de suerte, todo haya cambiado. 
Y volver a sentir que respirar es un milagro.


Foto: Quint Buchholz

11/12/14


Había ido a buscarte. Hacía tiempo ya que mi interés por el Psicoanálisis era mínimo. Estabas sentada a la izquierda del señor pelado con lentes y saco a cuadros que explicaba (eso parecía) la relación entre el nudo borromeo y el deseo. Era evidente que no prestabas atención. No sé en qué estarías pensando, pero no estabas loca, al menos no para mí. Quizás nadie estaba loco en aquella sala con personas de egos inflados, pero si de pronto hubiera que señalar a alguien, sin dudas el elegido sería yo. Después de todo, tengo que reconocer, que sigo creyendo que los sueños son lo más importante.

El señor pelado dejó de hablar y se oyeron aplausos. Yo también aplaudí. Te tocaba hablar a vos. Estabas hermosa con el pelo recogido de aquella manera tan seria. También hablaste del nudo borromeo, y todos te prestaban mucha atención. Un rayo de sol que de pronto entró por la ventana, dio en mi brazo derecho y reclamó mi total atención. Observé las flores que estaban del otro lado (¿afuera?) mientras tu voz de niña pronunciaba las palabras científico y metodología varias veces. Era seguro que en los tallos de las flores había bichitos que caminaban y chocaban sus antenitas para decirse cuanto se amaban y cuan atravesados estaban por el lenguaje. Yo jamás pude decírtelo. Creo que nunca supiste que estuve aquella tarde en aquel simposio.

Foto: Mona Kuhn

22/3/14


no fue la lluvia
ni el desasosiego

panacea del mandato
yo me reía de todo
y vos te preguntabas
qué era la tristeza

otras noches
una dulce tranquilidad
invadía desde la inocencia
la primera letra de una palabra
y no eran los deditos del tiempo
absurdo método de olvido
los que iban dibujando
tu ausencia en mi espalda

paraíso del lugar común
no hace falta nada más
decíamos

                                y de eso también

                                                                a muerte

yo me reía.


Foto: Caras Ionut

24/12/13



En la noche quieta
Se ha encendido el fuego
Algo aúlla en la niebla
Un fantasma
Un recuerdo

El rostro de la mujer amada
Atraviesa el olvido
Su calor nos acaricia
Se vuelve espejo de nuestro anhelo:
Un enmarañado pelo
Resulta ser la noche entera
Jugando con el viento
Que lo confunde…
Debajo, la plana frente
La triste profundidad de los ojos
Sus mismas lágrimas
La fiel nariz
El inequívoco lunar
Los labios ebrios de incumplidas promesas
La carne irrepetible que tanto nos deleitó

Algo más flota y arde:
Una remota fragancia
El café en la despedida
El otoño y su rubor
El color de la piel al amanecer
La dulce voz que nos llama
Hacia un camino de ida
La memoria de unas piernas blancas
Longitudes enormes que danzaron
Bellezas incomprensibles
Rituales de desnudez
A la hora del amor
La dulzura del tacto
El sabio recorrido de las manos
Contornos y curvas
La luz y un tesoro

En la noche quieta
El fuego mengua
Se distingue en el aullido
Uno
Dos
Cien nombres
Que olvidamos
Que no llegamos a conocer

 El tiempo no perdona
Otra herida se cierra
La sangre está limpia
La soledad intacta
Pero en la cicatriz
Se intuye lo infinito
Y el dolor innombrable
De nuestra finitud.


Foto. Martin Stranka

19/10/13



Sabrás que soy yo
No hará falta que me veas
Extenderás las manos
Despojada de todo
La noche te abrirá de par en par
Guardaras las palabras para Babel
Las alas para Ícaro
Lloraras sin velas
Todo el viento del mundo
Me sentirás dentro
Serás raíz, río y cielo
Perderás por fin la razón

Foto: Akif Hakan

17/7/13



dame
una palabra
o en el espejo
el velo del amor
el perfil de una noche
en la tristeza
el lado dócil 
de la oscuridad
para entrar
no basta con abrir
el último temblor
vértigo de posibilidades
el final es siempre
un pétalo olvidado
una marca de mí
en la arena
tratando de hacer
que cuente

Foto: Jarek Holden

22/4/13



Siempre supiste como encontrarme para enseñarme a volar y que no fuera una pérdida de tiempo mi intento de seducirte. Yo en cambio, nunca supe cómo hacer para dilatar nuestras despedidas después del amor con tu belleza que transforman el resto de mis horas en la triste prueba de tu ausencia. Una tarde, una noche, no lo recuerdo ya, me soltaste la mano y comenzó mi aterrizaje de emergencia: sobreviví, pero perdí las alas. A veces, cuando aquí abajo no hace frío, un inútil rayo de luz me aclara el sinsentido de seguir llevando en mi cuello la bufanda que me regalaste en las alturas. 


Foto: Martin Stranka

18/3/13



Y ahora que ya es demasiado tarde me doy cuenta, y me resulta tan extraño, como te molestaba que en mi vida no hubiera más proyectos que tu mano tomando la mía. Tanto cielo atravesado no alcanzó para jugar más tiempo con vos en tu casa de muñecas, porque el juego consistía en disimular una vida perfecta en la que siempre sonreíamos y yo nunca fui bueno para eso. Quizás ese seis de enero debí dejar mis zapatillas en la ventana, quizás debí poner agua y pasto para los camellos, quizás debí atreverme a pedirle a los Reyes Magos un autito blanco de juguete. Pero yo siempre me olvidaba cosas en el ómnibus, y rápidamente aprendí que me dolía más perder un lápiz de color rojo o verde, y que era una mala noticia que los lápices hicieran ruido dentro de su caja, y que cuando pasaba eso mi único objetivo era encontrar el color que faltaba y después ordenar mi cuarto y mi mundo para pintar en las paredes hasta que por fin aprendiera a dibujar todo lo que es importante en esta vida en la que a veces hace frío y llueve y entonces nos tapamos hasta las orejas. Y vos que ni te imaginas todo el ruido que hace mi caja de lápices desde que le falta tu color, quizás seguís escribiendo tu nombre en los márgenes de la página de otra historia.
 Foto: Burt Glinn.

19/2/13



Pero nadie tuvo en cuenta ni le importó nuestra febril ignorancia y no nos perdonaron. Ellos no nos perdonaron a nosotros y vos no me perdonaste a mí, quizás porque a tu edad de Princesa todavía no sabías lo que era perdonar, ni tenías ganas de aprender. O quizás, si es que lo sabías, no quisiste recordar cómo era, o se te traspapelaron las intenciones en el temporal de tus lagrimas que yo no supe entender ni valorar cuando me iba, cuando volvía pero tarde, cuando me quedaba para siempre en otra parte a tu lado, sin otro propósito más en la vida que el de amarte.
 
Foto: Simona Madalina.

18/2/13

 
Fue el hombre
Lo sé
(es agudo su ingenio)
Pero no alcanzan las ochavas
Pera disimular sus esquinas
El filo del amor
 
Al fin y al cabo
La felicidad
Está siempre
Llena de ausencias
De manos que se sueltan
De esquinas que se doblan
 
Y no es el mundo
Lo sé
(es simple su naturaleza)
El que inventó las distancias
Que disimulan los caminos
Los puentes del amor

Foto: Akif Hakan

17/1/13





–Y vos?
–Yo qué?
–Vos dónde estás?
–Ahí. Por qué? No me ves?
–No. Dónde?
–Del otro lado. Apretando el botón


21/11/12



Le gustaba sentarse en el escalón de la puerta de su casa a ver llover. Se quedada sentado ahí hasta que dejaba de caer agua del cielo.
Con 8, o quizás 9 años, tenía ya la absoluta certeza de que nada era para siempre. Era muy probable que a esa certeza se debiera su afición por los rompecabezas enormes que nunca terminaba de armar porque ya sabía que no iba a soportar la angustia de poner su última pieza de cielo o de montaña o de rostro de mujer, y dejaba que sus tíos y por ahí también su papá, pero nunca su mamá, pensaran que era un niño disperso o rebelde o un simple vago que nunca terminaba lo que empezada, porque prefería ese pensamiento al otro, a la verdad de que era un niño triste con una tremenda conciencia de finitud, con una convicción de párroco de montaña de que nada era para siempre y de que la muerte andaba todo el tiempo con una cáscara de banana en la mano vigilando el andar y las rutinas de las personas, tentada de ponerla en el camino que sabe que tomarán porque a lo mejor algún distraído la pisa y ella se divierte viendo lo que pasa.
Aprendió a resolver  y a amar los acertijos en casa de su abuela, leyéndolos en esos libros enormes que ya no se consiguen por ningún lado y que tenían un nombre tan maravilloso; El Tesoro de la Juventud, que estaban ahí, en la ventana biblioteca de esa casa chorizo y extraña, llena de laberintos sin dragones, y escondites donde se podía jugar a todos los juegos del mundo. Qué nombre esplendido el de esos libros para un niño que veía los crucigramas como cosa de viejos y que por eso no les tenía paciencia, y por eso luego prefirió jugar con ese cubo ridículamente complicado al principio, y que luego, cuando ya se entendían sus movimientos y su gracia, se volvía tan dócil y fácil que se perdía en los rincones del olvido o lo masticaba Laureano.
Ahora ya no era un niño, pero todavía gustaba de ver llover y esperar que pare, sentado en el escalón de la puerta de su casa. Ahora  pensaba en el cubo. Y por esos misteriosos senderos que tiene el pensamiento, de pensar en el cubo pasó a pensar en el ajedrez, en que nunca supo jugar muy bien. Y siguiendo hacia lo profundo por esos senderos pensó en  Susana, en que a ella sí le gustaban los crucigramas y en que aunque tampoco sabía jugar muy bien al ajedrez,  nunca terminó de entender sus movimientos de seis caras de colores que dependían del clima o de la hora, y en que era por eso quizás que nunca supo si su jaque fue mate, porque abandonó el partido cuando lo vio venir, y se fue siguiendo el vuelo de cualquier cosa que a lo mejor era una mariposa o a lo mejor un papel,  y ella le dijo que era disperso, rebelde y un vago que nunca terminaba lo que empezaba, y se fue muy peinada dejando un Rey descubierto y un cubo todo desordenado.
Y aunque se hacía tarde y no paraba de llover, la costumbre le ganaba a las ganas de todo lo demás, y él seguía viendo y esperando y pensando en lo aliviado que se sintió aquella tarde en que Susana casi se daba cuenta de que era un niño triste, pero al final no, y  en qué cara tendría ella ahora  bajo la lluvia, si es que estaba bajo la lluvia, aunque era difícil porque siempre fue muy coqueta y el agua la despeinaba tanto.


7/11/12



Cómo desandar un camino sin que se pierda lo andado, sin que cambie la dirección de las pisadas que lo conformaron. Cómo desdibujar las líneas de un rostro, el trazo de una palabra que nombra el pasado pero que persiste intacta en el presente, una palabra que se mira y se reconoce en el presente simplemente porque estamos ahí.
Cómo evitar cerrar los ojos y perderse en el camino, en el rostro, en la palabra, respirar olvidándonos del  tiempo sintiendo como el aire va llenando nuestros pulmones, como el corazón se agita de melancolía para luego volver al trazo como si quisiéramos tomar con la punta de los dedos su final y despegarlo con cuidado, ir deshaciéndolo sin que se rompa ni pierda el sentido, sin que manche nada, empeñados en dejar la hoja nuevamente en blanco para que vuelva a ser desafío e invitación, y colmarla sea una fiesta llena de futuro y felicidad.
Cómo olvidar todo lo que sabemos del tiempo y del espacio, cómo intuir aunque sea mínimamente todo lo que ignoramos de las demás dimensiones, cómo transgredir las direcciones impuestas por vaya a saber que Dios aburrido e inventarnos otra forma de compartir el pasado que no sea la memoria; ese lugar desconocido que a veces se pierde y a veces vuelve como un viento repentino que no sale de ningún lugar a soplar las velas de nuestro desconcierto.
Es inútil, todo intento de pausa es inútil.
Esta tarde de lluvia es tu rostro el que vuelve, es tu nombre la palabra, y es tu cuerpo desnudo el camino, el viaje hacia el pasado, hacia tu cintura ceñida en mis manos que resbalan y te dan forma mientras voy conquistando tus humores y tu continente. Y vos, una Diosa delirada que rebota en mí, perdida, entregada, fugada de todo, una niña ciega que toma la mano de quien cree la conducirá a su destino verdadero, un fosforito que ya no puede dejar de encenderse.
Que grandiosa y apasionadamente confundidos estábamos cada tarde en tu cama de hada madrina. Que ingenuos, estúpidos y felices fuimos al creer por un segundo que nosotros podríamos ser la eternidad del sentimiento y que bastaba con nuestra fe. Pero todo lo que no tiene sentido y se hace porque sí, se celebra con pan y vino, tiene el sabor salado de la transpiración que recorre la piel de quien carga la cruz, tiene el dolor soberano de la corona de espinas, y la oscura muerte a la hora precisa en el lugar de la calavera. Y tiene la eternidad prometida de consuelo, y la esperanza de salvación de los hermanos de recompensa.
Sobre todo si nos perdonan, porque no sabíamos lo que hacíamos.

Foto: Akif Hakan

13/9/12



“Rosa, oh contradicción pura en el deleite
de ser el sueño de nadie bajo tantos
párpados”.

R.M. Rilke


Que nadie se desvele ni se asombre
Quiten ese grito del cielo
No se trata de locura ni lucidez
No es hazaña intentar ser libre
Ni holgazanería soñar a tiempo completo
No es comodidad buscar mecenas
Ni romanticismo dar la vida por amor
No me juzguen
No me valoren
No me adjetiven
Mi rebeldía es mía y a nadie arrastra
Soy dueño de mis cimas y de mis pozos
De lo que pierdo y del espacio que dejan
Llévense sus ojos
Pósenlo sobre los objetos que aman
No tengo más presentes que las palabras
No arruinen sus fiestas invitándome
Quizás vaya y baile como idiota
Quizás prenda la luz y los señale
Quizás les diga que bailan como idiotas también
Y se ofenda el novio de la mujer que no ama
Porque me voy y ella quisiera acompañarme
Tampoco es para tanto les diré
Sobre todo voy siendo lo que sea que soy
Si quieren les presto un espejo y se dan cuenta
Que es más fácil cuando no se está tan atado
Y no se tiene nada que perder.


Foto: Martin Stranka© – It was my sunset

26/8/12



De este lado sopla un vientito con olor a mar. El azahar me lo imagino, pero no es igual. Salí al balcón (tengo balcón) para ver si te llega un poco de mi olor que tanto decís extrañar, o quizás, con algo más de suerte, te llego todo yo, por qué no, volando hasta tu ventana  marrón. Hay pocos sonidos en mi madrugada (algunas voces lejanas que hablan en cualquier idioma, el ruido de las hojas de los árboles moviéndose, un auto que dobla en la esquina, tu nombre al borde de mis labios) y se puede pensar.  Pero pensar a veces no sirve de nada porque el entendimiento está ahí nomás, tan cerca, que mejor cerrar los ojos y dibujar en el aire con las manos tu cintura, así, vos sabes (y entendes) cómo.
Sé que tu jarana apenas comienza mientras yo me voy muriendo del sueño y el vientito se transforma en viento, y seguro que llueve. Va a llover sobre el mar y yo voy a intentar refugiarme en un libro que vos no me regalaste. La empresa va a resultar inútil porque a la segunda línea voy a quedarme dormido. Igual, de alguna forma, mi quedarme dormido va a ser con vos. Siempre con vos. Y no me pienso levantar temprano, aunque te escuche levantarte.
Esperame y hacemos picnic en la cama, va a decir la nota que voy a encontrar sobre mi pantalón, firmada con el rouge de de tus labios lejanos.

Foto: Gabriel Rigon

18/8/12




Y los trenes nos subían y nos llevaban y nos bajaban, y caminábamos de una punta a otra de las ciudades tan tomados de las manos. Y las cervezas nos refrescaban cuando los bares nos sentaban en sus sillas para que nuestros cuerpos nos descansen. Y nos reíamos tanto de nosotros mismos que contagiábamos a todos, y todos se reían de ellos mismos y de nosotros  y de todos, y quizás eso era la felicidad o el comunismo…  eso pensaba yo.
Y me quedaba solo en la noche, y me daba cuenta de que lo único verdaderamente mío era la luz que se prendía y la ventana que se abría para que volaran las llaves del cielo, y tus labios finos en mis labios gruesos, y tanta desnudez que multiplicaban los días por dos y por tres y por cuatro, y nunca un te amo para que yo adivinara que me ibas a querer para siempre.  Y las canciones que dibujaron el camino que transitamos hasta ese final que ya sabíamos de antemano inalterable, un final de puertas abiertas y de dibujitos de aviones  en las servilletas a la hora del desayuno… y vos.
Y vos.

22/5/12



Si pudiera escribir un poema
Que fuera bello
Verdadero y bello
Quiero decir
Un poema que te deje temblando
Que te deje pasmada
Turula en medio de la vida
Desnuda y sangrando
Si quisiera escribir
Esa clase de poema
Tendría que escribir
Sin dudas
Tu nombre
Y cerca de el
La palabra amor
Y claro que constancia
Y lealtad
Y como es obvio
No tendría punto final

como es obvio
Dije/...

20/5/12


"En el altillo de un gran monasterio, había un viejo monje discreto, modesto, sin rango, oscuro entre los oscuros, un poco extraño. Sus colegas lo consideraban un ignorante, copia de un iluminado, en el sentido común de la palabra y no en el budista, ingenuo. Hay que decir que a pesar de todos los años pasados a la sombra de los muros del monasterio, no brillaba por su erudición. El veterano se enfadaba por la lectura de los textos sagrados y en verano, pasaba la mayor parte de su tiempo a la orilla de un estanque resplandeciente de lotos, arrullado por el murmullo del viento, la entonación de los insectos y el canto de los pájaros. Meditaba distraído sentado en una roca, bajo la monumental sombrilla de un viejo árbol.
Una hermosa tarde inundada de sol, un grupo de jóvenes monjes fueron a recorrer el estanque. Fue entonces que pudieron observar, con asombro, la manera tan confusa que el anciano tenía de meditar. No pasaban cinco minutos sin que se inclinara para perturbar el espejo líquido con una ramita. A veces, se levantaba para caminar, con una rama en la mano, con la que sacaba una hoja de árbol del agua. Su curiosa estrategia hizo reír a sus hermanos más jóvenes, quienes se encargarían de darle una lección sobre la meditación.
-¿No sería mejor concentrarse con los ojos cerrados para no distraerse con el espectáculo del mundo? ¿Cómo podríamos esperar un alto logro espiritual si se mueve sin cesar? No puede estabilizar su espíritu ni dejar que el prana circule armoniosamente por los finos canales.
-Es cierto, tome como ejemplo a Buda, que obtuvo el despertar supremo permaneciendo inmóvil bajo el árbol de la iluminación.
El viejo monje se inclinó para darles las gracias por sus consejos, y enseñándoles un insecto que había pescado con la ramita, les dijo, con una sonrisa encantadora en sus labios:
-Ustedes están probablemente en lo cierto, mis jóvenes hermanos. Pero, ¿cómo puedo meditar serenamente si a mi alrededor hay seres vivos que están por ahogarse?
El grupo de jóvenes quedó estupefacto. Hubo un largo silencio, luego uno de ellos, con experiencia en justas metafísicas y desesperado por salvar las apariencias, respondió:
-Debería retirarse a una cueva para consagrarse a su propia salvación. No se preocupe demasiado por el destino de los demás. Déjelo al orden natural del mundo. Todo el mundo obtiene el resultado de sus actos anteriores. Es la ley del karma.
Y con estas palabras sentenciosas, los que dieron la lección se alejaron envueltos en sus hábitos monásticos. Llegaron a un puente que cruzaba el estanque. Fue entonces que en medio del travesaño, uno de ellos resbaló sobre una tabla cubierta de musgo y cayó al agua. El infeliz, no era otro que el orador kármico, chapoteaba entre los nenúfares, visiblemente a punto de ahogarse. El estanque era profundo en ese lugar. Fue el pánico general, ninguno de los monjes sabía nadar.
El viejo extravagante, con su infatigable sonrisa en los labios, se levantó tomó una rama y como no era lo suficientemente larga, comenzó a caminar sobre el agua. Bajo la mirada atónita de los jóvenes monjes, enlazó al candidato a ahogarse, tiró de él hacia la orilla sin mojar su faldón remendado. La milagrosa historia recorrió todo el monasterio. De ahora en adelante, consideraban al viejo un santo, un Bodhisattva oculto, un Buda viviente. Él se sintió incomodo, no podía soportar ser objeto de devoción. Se fue a otra provincia donde se escondió en el altillo de un gran monasterio".

Cuentos de los sabios del Tíbet Seuil Pascal Fauliot

17/4/12


Me regalaste la ausencia
más dulce del mundo
la sombra eterna de tu piel
y la luz que todavía ilumina mi oscuridad.

Me regalaste un continente
lleno de certezas y de dudas
un desamor que lloro cada noche
y la esperanza que me mantiene en pie cada día.

Me regalaste tu mano que me soltó
porque eso también es el amor
y esta forma inmensa de extrañarte
tan parecida a la felicidad.

24/3/12


Escribir es recordar.
Nombrar es tener…

(Ahora te nombro
pero no te escribo
por miedo a que te leas
y sepas que no te olvido…
)

no
te

olvido

no
te

pierdo

Sos mia?

29/2/12


Con el caos de un rio
Bajando la montaña
Nace de mis venas
A borbotones
Con su caprichosa forma
Con su estilo carmín
Con su incomprensible rima
De meandros
Cascadas
Y Deltas
Escapando
Arrastrando todo a su paso
Inundando a veces
Sin pensar
Sin medir
Sin pedir permiso
Y en su origen
Como el manantial inocente
Estoy yo
Herido
Sangrando
Pero a quien le importa eso
Cuando se habla
De forma
De estilo
Y de rima.

23/2/12


Ella nunca fue mi amiga. Las dimensiones de la amistad son, por lo menos, indescifrables.
Cuando vi que era inevitable que nos crucemos en esa calle esa tarde pegajosa de verano, mi intención intuitiva era saludarla y seguir mi camino sin mayores demoras. Pero ella se detuvo y yo también. Las dimensiones de los saludos a mitad de una calle son, sin dudas, indescifrables. Su abrazo y su felicidad me desconcertaron. Pensé que a lo mejor fuera verdad que mi historia con vos le haya dado la iniciativa y el valor para escribir la suya. Después de todo no hay dudas de que abrimos un camino. Quizás por eso, cuando le pregunte cómo estaba por pura cortesía, comenzó a hablarme de él. Me hablaba sobre él y ella y los sentimientos y la eternidad.
Yo también una vez lo creí, pensaba mientras ella seguía hablando y yo ya no la escuchaba. O mejor dicho; muchas veces lo creí, pero una vez lo creí y lo sentí. Por eso no podía decirle nada a ella, y también porque quería creer que tenía razón y que los equivocados éramos nosotros. Que difícil.
Al principio del final, mientras lo vivía, no me di cuenta de que todo había sido tan fuerte. Empecé a vislumbrar la magnitud de los hechos cuando mucho tiempo después, cuando ya no pensaba en nada, algunas personas que me conocían bastante no sé en qué contexto ni por qué me preguntaban por vos. Decían: y, y a continuación tu nombre, y a continuación puntos suspensivos, tan suspensivos que lo suspendían todo, una pausa en el universo que me trasportaba a tus ojos grandes y al tiempo en que éramos invencibles. Y entonces volvía a pensar en vos, volvía a pensar en que muchas veces lo creí, pero una vez lo creí y lo sentí, y le rogaba a Dios y al mundo y a la naturaleza y a todo aquello a que un hombre pueda rogarle; que ella no estuviera equivocada.
Es que nos pasaron tantas cosas… y lo superamos todo, decía ella en medio de la tarde.
Claro que sí, tenía ganas de decirle yo. Pero me quedaba mirándola, y trataba de pensar en vos o en alguien o en el amor. Pero no podía, y seguía mirándola a ella tan linda y feliz, y suponía que alguna vez, con seguridad, yo habría pensado y habría dicho lo mismo, pero esa tarde no podía recordar. Las dimensiones de los recuerdos son, siempre, indescifrables.
Ella me miró mirándola y se calló. Por fin se calló. No sé qué habrá visto pero estaba seguro que estuvo a punto de decir y, y a continuación tu nombre, y a continuación puntos suspensivos. Pero en realidad no estaba seguro de nada. Cómo podía estar seguro de algo, de cualquier cosa, parado en medio de una calle pululante con una temperatura de casi cuarenta grados, hablando sobre cosas que ya ni creía ni me interesaban, con una mujer que a lo mejor, en otras circunstancias, podría haber sido mi amiga, mi amiga de verdad, o quién sabe si algo más, pero no ahora, no cuando su imagen remitía directamente a otra, a otra que significaba (y quizás signifique todavía) tanto, pero que ya olvide (¿olvide?), porque ya no quería que me duela.
No sé qué habrá visto. Algo quizás horrible, algo quizás monstruoso, porque como si de repente se transformara en otra persona, o como si yo me transformara en otra persona, o como si por fin se diera cuenta de quiénes éramos ella y yo, y lo incomodo y ridículo y sin sentido de la situación, porque nunca fuimos ni podríamos ser amigos, me dijo; que andes bien, y se fue como si nada, como yo me hubiera ido desde el principio, como se me pasaban las horas y los días y los meses, y quién sabe sino también los años, desde hace algún tiempo.

20/2/12


Yo no fumo, pero si fumara supongo que habría empezado de grande. A los 15 años no le encontraba demasiado sentido o misterio o galanteria a aspirar humo buscando sentir o ser no sé qué. Ninguno de los amigos que empezaron a fumar a esa edad supieron explicarme por qué lo hicieron. Y aun hoy no saben explicar por qué siguen fumando.
Los centros de estudiantes jamás merecieron mi atención. Creo recordar que alguna vez me invitaron a participar de uno, pero no estoy muy seguro. Yo era un adolescente raro que leía y escribía poesía, y que tiraba mas bien para el lado del anarquismo. Cierto año casi logro que todo un curso se incline hacia esa filosofía política, pero a los dueños o directivos del colegio, como resulta obvio, no les gusto el movimiento y lo desbarataron. A mí, claro, me expulsaron por indeseable, innecesario y nocivo.
A veces nos cruzamos con personas que no tienen nada que ver con lo que somos y pensamos, pero a pesar de estas diferencias, podemos, de todas formas, compartir y vivir una historia, que si hay que adjetivar diremos que linda o bella, o por lo menos interesante, le queda bien. Y si somos curiosos y estamos atentos a lo que vivimos, aprendemos a mirar desde otra perspectiva, aunque al final solo nos sirva para afirmar más nuestro propio punto de vista.
Se podría decir que nadie escapa de su destino, y a la larga, todos terminamos donde y con quien tenemos que estar. No?

23/1/12


“En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas”…
El Principito.

Ahora no podría explicar muy bien casi nada. Sigo creyendo que fue por vos. A veces tengo segundos de algo que quizás podría llamar conciencia absoluta y me siento parte de todo, del mundo, de lo que Leandro llama estar aquí ahora. De todas formas tengo mis momentos.
Hoy en la playa el atardecer me sorprendió en uno de esos segundos. O quizás yo lo sorprendí a él. No importa, no hay gran diferencia, estábamos ahí: su despliegue de colores magníficos y yo. Me sentí mínimo y ridículo con mis problemas de adolescente enamorado. Y así, mínimo y ridículo, no sé por qué recordé una frase que leí en algún libro o escuche en alguna película o, quizás, que acababa de inventar yo, es decir; el yo ese que todavía era yo y que estaba en la playa participando de un atardecer… la frase, claro: "nada he perdido porque sigo aquí". Si a alguien le suena de algo, por favor, si pudieran decirme, se los agradecería.
Entonces, les contaba: yo estaba ahí, en una playa y de repente me doy cuenta de que está atardeciendo y me encuentro a mi mismo pensando en que nada he perdido porque sigo aquí. Y después pensé que en ese mismo momento estaba amaneciendo allí debajo, pensé que mientras yo veía el sol desaparecer y pintar todo de naranja, algún chinito lo estaba viendo aparecer pensando vaya uno a saber qué cosa, quizás también en el amor. Y después pensé en El Principito y sus cuarenta y tres puestas de sol.
Y también pensé (y sentí) sobre todo; que no pasaba nada (o que todo pasaba, que vendría a ser lo mismo): solo terminaba un día acá y empezaba otro allá. Porque los días terminan, como termina el amor, como termina la vida; y no pasa nada. Pero sabemos que allá amanece, y que seguramente un chinito lo verá, porque una noche mientras contemplábamos los astros nos dimos cuenta de que la tierra era redonda, y nos inventamos los meridianos para calcular las horas exactas en cualquier parte del mundo.
Pero… ¿y si no lo supiéramos? ¿Si un buen día (un único día) nos dejaran solos y en la ignorancia en alguna playa y viéramos como poco a poco y con esa pomposidad que tienen los finales de cosas hermosas la luz se va apagando? ¿Acaso no nos desesperaríamos? ¿No viene de ahí la palabra desolación? Y si viniera alguien y nos dijera: no pasa nada, es solo la noche que nos toca para que otros puedan tener su día, pero pronto el sol volverá y ya no estarás desolado, nacerá un nuevo día y todo volverá a empezar. ¿Le creeríamos?
Claro que le creeríamos, dirán. Lo que pasa es que esas cosas las sabemos, y por eso las creemos, y por eso nos sentimos tan seguros de ellas. ¿Pero el amor? ¿Pero la muerte? Por qué será que nos cuesta tanto creer y sentir (sobre todo sentir) que no pasa nada; que el amor oscurece acá para iluminar un poco más allá, que la vida se apaga ahora para encenderse en otro lugar. Lo único seguro es que no se quedara inmóvil: nada, nunca.
Y el naranja se hizo azul y volví a perderme en lo de siempre: en extrañarte, en tener hambre, en el calor… Ha terminado el día acá, ha empezado allá.
No pasa nada me dije, y volví a casa con el mismo dolor que me causa tu ausencia y con el mismo miedo a la muerte.

20/12/11



Veo tus ojos
Mojados
Enormes
Me miran
Fijos
Letales
No hay duda
De que soy yo
Lo que buscan
Pero no sé
Si ellos
O yo
O los dos
Inventamos distancias
Y es que a veces
Bajo la mirada
Para disimular
Porque este siglo
Es duro
Y hay que ser duro
O parecerlo
Y yo no soporto
Por eso bajo la mirada
Y después
Todo es nuevo
Nuevo por lejano
Nuevo por ausente
Y yo que nunca supe
Lo que es
Un punto de fuga
De pronto me doy cuenta
Y no entiendo
La perspectiva
Ni la matemática
De que mirándonos
Así
Nos alejemos.

Acaso
Soy yo
El que camina
Para atrás?

17/12/11


Cerré el libro y me quedé pensando. Saqué del bolsillo la libretita que siempre llevaba, como una especie de carnet que me autorizaba a decir que era poeta, porque yo tenía esa clase de pensamientos idiotas a veces, y escribí no sé qué sobre los precipicios y los llanos, y al final, dibuje la locomotora de un trencito que tiraba humo por la chimenea y hacia chu chu.

─Sí, pero falta ─dijo.

Por qué dibuje una locomotora?

Nunca fue mía, pero durante un tiempo jugamos a que la eternidad eran nuestros nombres dibujados en el cemento fresco de una calle. No me importaba mucho con quien estuviera o no, pero sí tenía un terror desmedido de que en realidad todo haya sido una mentira, o en el mejor de los casos un sueño; como la tarde que parado en la puerta de su casa dude en tocar el portero porque temí que alguien me atendiera y me preguntara quién era yo, y yo preguntara por ella, y ella saliera y me dijera; si?, qué queres?, con cara de incomprensión, con cara de qué hace este tipo en la puerta de mi casa preguntando por mí.

─ ¿Qué falta mi amor? ─pregunte yo.

Sabía que no estaba tan loco y toqué el portero y dije mi nombre y pasé y saludé a todos y me metí en su cuarto para que después de hacer dos o tres cosas que iban lavando de a poco el barniz de nuestras horas solitarias termináramos haciendo el amor, ese amor que tan bien hacíamos por dentro y por fuera y por todos lados, ese amor que ahora yo tenía terror de que haya sido mentira, una mentirita de adolescente que no sabe lo que quiere y disimula.

Todavía no sabía lo que ahora sé, pero el que dibujo la locomotora con mi mano sí lo sabía, y que hijo de puta, nunca me aviso.

Ella no contestó.